Sarawja, canto y música aymara de Moquegua

Inscrito en 2025 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el Sarawja, canto y música aymara de Moquegua,  constituye una de las expresiones culturales más representativas del legado aymara en el sur del Perú. Se trata de una manifestación que integra música, canto y danza, cuyo nombre proviene del término sarawja, traducido como “me voy”. Su práctica se conserva en los distritos de Cuchumbaya, San Cristóbal-Calacoa y Carumas, en la provincia de Mariscal Nieto, región Moquegua, donde mantiene plena vigencia como signo de identidad cultural.

Desde el punto de vista artístico, el Sarawja se caracteriza por la participación diferenciada de hombres y mujeres: los varones suelen ejecutar el charango, mientras que las mujeres entonan cantos y participan en la coreografía. Los movimientos de la danza son de carácter colectivo,  circular o en dos filas paralelos,  inspirados en el cortejo de las aves altoandinas conocidas como kiwlas, lo cual refuerza la estrecha relación entre esta práctica cultural y el entorno natural.

El Sarawja se celebra de manera periódica, en la semana posterior a la Semana Santa, desde el martes hasta el domingo. En este contexto festivo, las ruedas o comparsas de intérpretes se desplazan de un pueblo a otro, realizando visitas familiares y comunales. Este recorrido no solo permite la continuidad de la práctica cultural, sino que representa un mecanismo fundamental de cohesión social, ya que fortalece los lazos de reciprocidad y convivencia entre comunidades y familias a lo largo del valle del Ticsani.

La dimensión estética del Sarawja se expresa también en la indumentaria tradicional que varía entre un distrito y otro. La confección de estos trajes demanda varios meses de preparación, y su riqueza de colores y ornamentos aporta un estilo festivo y barroco a la celebración.

El valor cultural del Sarawja radica en su capacidad de integrar diversas dimensiones simbólicas. Por un lado, se trata de una manifestación heredada de las comunidades aymaras, transmitida de generación en generación, que preserva elementos musicales, coreográficos, textiles y sociales. Por otro, constituye un ejemplo de fusión cultural, al incorporar en su calendario los tiempos rituales de la Semana Santa, otorgándole un carácter híbrido donde confluyen tradiciones andinas y elementos del cristianismo. Así, el Sarawja no solo constituye un espectáculo artístico-musical, sino también una práctica social que fortalece la memoria histórica, la cohesión comunitaria y el sentido de pertenencia cultural en Moquegua, convirtiéndose en un referente esencial del patrimonio cultural inmaterial del país.

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