Entrevista a Marco Martos

Poeta. Presidente de la Academia Peruana de la Lengua.

Marco Martos, Piura, Perú (1942). Premio Nacional de Poesía del Perú. Ha publicado 25 libros de poesía, varios de ellos reunidos en Poesía junta (2012). Además, es autor de los siguientes libros: Vértigo (2013), Caligrafía china (2014), Máscaras de Roma (2015), Musas del celuloide (2016), El espíritu de los ríos (2017), El piano negro (2018), La novia del viento (2019).  Sus libros y poemas han sido traducidos al francés, portugués, griego, inglés, alemán, holandés, húngaro, italiano, chino.

¿Cuáles son los elementos más importantes para el reconocimiento de la lengua como patrimonio cultural de un país?

El lenguaje es el sello de distinción de la humanidad y tiene la marca de lo colectivo. Cada lengua tiene elementos conservadores y otros de cambio permanente.  Se conservan la morfología, la sintaxis, cambian lentamente el vocabulario y los significados. Las imposiciones no tienen fortuna. Merced a ese carácter conservador que es el predominante, es que la lengua puede ser considerada patrimonio cultural de un país o de un conjunto de países. En el caso del español, si viviesen, podríamos conversar con Ruy Díaz de Vivar, el Cid campeador, o con Ruy López, confesor de Felipe II, o con Miguel de Cervantes. Los hablantes peruanos del español, a partir del siglo XVI pasan por tres etapas, sienten, primero a la lengua castellana como ajena, con la que tienen que entenderse, como ocurre con Guamán Poma de Ayala, pasa mucho tiempo antes de que la empiecen a vivir como propia y la usen con naturalidad y elegancia, como ocurre con la Amarilis huanuqueña que le escribe a Lope de Vega, y pasan siglos, antes que los hablantes sean profundamente originales como Ricardo Palma, Manuel González Prada, o tengan un dominio único de la lengua como César Vallejo, José María Arguedas o Mario Vargas Llosa.  En este panorama, el Inca Garcilaso de la Vega es una excepción, domina la lengua castellana como los más avezados escritores españoles de su época, como Cervantes, como Góngora, que fueron sus amigos.

Pero el español del Perú es andino, tiene la peculiaridad de vivir con otras lenguas, de ser influido por ellas, especialmente en el vocabulario, principalmente el quechua, el aimara, y las cincuenta lenguas de nuestra selva: el wampis, el bora, el chipibo, el eseeja, entre tantas otras.  El Perú se caracteriza por la diversidad lingüística. Ahora hay pequeños intentos por revitalizar la lengua mochica, desaparecida casi totalmente a principios del siglo XX.

¿Qué relación existe entre la conservación y transmisión de una lengua?   

Todo ser humano aspira naturalmente a expresarse en su lengua materna, a conservarla y enriquecerla. Solo lo bien aprendido puede trasmitirse bien. Un hablante de una lengua, sin estudios gramaticales complejos, puede expresarse con mucha propiedad, asombrando a los extraños, por ejemplo en el uso del  subjuntivo: «si ayer me lo hubieras  dicho, lo habría hecho» El mayor número de hablantes de una lengua garantiza su permanencia en el tiempo. Pero las lenguas no son eternas, su uso puede disminuir y casi desparecer. El latín ahora, a pesar de ser una lengua de cultura, solo se habla en el Vaticano. Los que lo hablan tienen que inventar palabras para cosas de las que ahora se conocen: «res volans ignota» es, por ejemplo, «platillo volador».

Un país muy interesante que muestra la confluencia de lenguas es Filipinas. El nombre del país, recordémoslo, es español. En ese territorio hay varias lenguas francas, el inglés ciertamente, pero también el tagalo que lo utilizan veinte millones de personas, y está también el chabacano y numerosas lenguas originarias. La presencia del español está en muchos apellidos, en los nombres de numerosos platos y postres, en numerosos neologismos dentro del tagalo o chabacano.

En el caso del Perú, como en otros, la conservación de las lenguas originarias se debe fundamentalmente a los hablantes, orgullosos de su lengua, que con pocos conocimientos teóricos, la han considerado parte de sí mismos y la han defendido, usándola en tiempos difíciles, que son centenares de años, como los shipibos, por ejemplo. De todas maneras, los cambios de visión dentro de las culturas hegemónicas, aunque incipientes, son interesantes para ir hacia una revitalización de las lenguas originarias que garanticen su conservación y trasmisión.  El más importante de ellos es el concepto de interculturalidad tal como lo difunde el lingüista Henrich Helbert Chávez en sus múltiples trabajos que empiezan a ser tomados en cuenta en distintas universidades como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Pontificia Universidad Católica, Universidad de las Artes del Cusco. Cuando esta tendencia sea mayoritaria y llegue con fuerza a ser rectora del Ministerio de Educación, el país entero habrá ganado. Hay otro hecho importante, simbólico, pero político educativo. El próximo congreso internacional de la lengua española que se realiza cada cuatro años, con la participación de 23 países, a través de sus gobiernos y sus Academias de la Lengua, en Arequipa 2022, tiene como lema «Mestizaje, lengua e interculturalidad».

El reconocimiento de la lengua quechua es un elemento clave en la identidad e integración de la nacionalidad?

El quechua ha atravesado el tiempo y se mantiene vivo, hay millones de personas que lo hablan y están orgullosas de hacerlo. Durante el virreinato, la Universidad de San Marcos puso mucho empeño en su difusión. Se escribieron obras de teatro como «Ollantay», «El pobre más rico»,  «Uska Paucar», que contribuyeron a mantenerlo vivo. Ha habido una etapa de oscuridad, pero felizmente ha terminado, hay películas en quechua, libros en quechua, hay un orgullo quechua que había casi desaparecido.

El paso siguiente es incorporarlo a la educación oficial por lo menos en las zonas donde hay miles de hablantes, Cusco, Puno, Junín, Ancash, respetando las variantes regionales. Ahora es cuando hay que actuar y no encontrar razones para no hacerlo. Es justo decir que el quechua, llamado quichua en el Ecuador, es un idioma que se difunde en el territorio de varias naciones, va desde el norte argentino, atraviesa las tierras de Bolivia, Perú y Ecuador, y es conocido, verdad que minoritariamente, en el sur de Colombia.

Los lingüistas suelen hablar de tres variedades de quechua, la cusqueña, la ayacuchana y la ancashina. Con algunas dificultades, los hablantes de estas variedades se entienden entre sí, tal como lo estudió Alfredo Torero. El quechua no es nuestro pasado, no es una lengua muerta, es nuestro presente y nuestro futuro. Un lingüista entrenado, haciendo las preguntas pertinentes, es capaz de descubrir de dónde es el hablante quechua que está entrevistando. La primera pregunta que hace es ¿cómo dices «cuatro»? Hay dos respuestas posibles y solo con eso se descarta la mitad del territorio donde se habla quechua. El español que hablamos los peruanos ha incorporado palabras del quechua de un modo insospechado, nuestros futbolistas entran a la cancha, nuestros campesinos trabajan en su chacra, el niño que se quema con una vela dice achachau, la mujer que siente frío intenso en nuestra puna, dice alalau. Cuatro mil palabras de origen quechua acompañan a nuestro castellano de todos los días.

Comments are closed.